jueves, 25 de abril de 2013

V

De afuera podian pensar que disfrtuabas y te concentrabas mucho cortando papas. Pero en realidad, lo que hacias era sumergirte en un mar de diferentes situaciones que imaginabas podias llegar a vivir en los próximos meses. Asi que con una comida de quince minutos, vos tardabas una hora (porque tu imaginación entre cada paso no paraba de volar). Y cuando la cara de Pedro vuelve a tu mente (o cuando miras a tu hijo a la cara) sabes que ya no podes escapar.

Querés convencerte de que es toda una pesadilla, pero al mismo tiempo dudas en si no es lo que estas esperando hace mucho tiempo. Sacarte ese peso de encima, esa culpa, contar esa verdad que te venis guardando hace seis años. Porque, siendo sincera con vos misma, tu intención  no fué ocultarselo a Pedro, las cosas se dieron de esa manera. Te contradecias, si, porque no entendias como esa "mentira" (o para vos, esa parte que no le contaste) había durado tanto,. Intentabas darle alguna vuelta, para justificarte, pero nada tenía sentido. Habias errado, y bastante.


Después de poner las cosas en el horno, te sentás en la mesa a aclarar tu mente (o por lo menos intentarlo). Vos no eras así, eso estaba claro. Temías a las reacciones, por parte de ambos, la de tu hijo y la de Pedro. Te recostaste sobre la mesa, abatida, exhausta de mente.


-Mamá, ¿estás bien?


Saltaste al escuchar su voz y te sentaste lo más derecha que pudiste


-Si mi amor, medio cansada- dijiste demostrando pesades en tu voz

-¿Estás triste?- y pudiste notar su tono sincero y preocupado al preguntarlo, y moriste de amor. Lo tomaste de la mano para sentarlo sobre tus piernas.
-No hermoso, ¿por qué pensás eso?
-No sé, estás muy seria. No sos divertida como siempre-y eso era un golpe bajo. Intentabas disimular al máximo tu incomodidad por la vuelta de Pedro al país, por todo lo que generó su reencuentro, y por todo lo que sabías que iba a pasar en cuanto la verdad salga a la luz, pero al parecer no funcionaba. Al menos con el, con quien convivías todo el tiempo.
- Es que tuve mucho trabajo estos días mi amor, quizás por eso estoy muy cansada- y te prometiste que esa era la última vez que le mentías. Por que era tu hijo, y se merecía toda tu verdad y sinceridad.


Lo dejaste en su cama durmiedo y prendiste la computadora. Cada movimiento de tus manos lo hacias con la mayor lentitud posible, retrasando el momento lo más que podías. Empezaste a escribir con cuidado, pensando y borrando las frases la cantidad de veces que creíste necesarias. Querías ser corta y concisa (como diría tu abuela) y evitar que se genere un diálogo de varios capítulos.

Quizás por tus palabras sonaba un poco duro, pero en ese momento era lo que menos te importaba, solo restaba tomar coraje y de una vez por todas enfrentar la realidad.


        ***


Una cerveza y picada con amigos es algo que no tiene comparación, y más después de no haberlos visto por tanto tiempo. La play (tres, obvio) coronoaba esa noche, y no la cambiabas por nada. Te propusiste dejar atrás a Paula y esa noticia que te habías desayunado esa mañana (De la que no habías sacado de tu cabeza en todo el día) y disfrutar un rato, pasarla bien. Pero al parecer, el destino y esa alta, morocha (para vos su mejor color), de ojos verdes estaban empecinados en impedírlo.

Dejaste el vaso sobre la mesa antes de abrir el mensaje y notaste como tu corazón se aceleró cuando apoyaste el dedo en tu celular (touch) y te sentíste un adolescente.

"Pedro, soy Paula. Está bien, hablemos"


No te lo esperabas, ni mucho menos. Creías que el tema de la charla estaba cerrado (o eso te dio a entender ella) y que la respuesta era un 'No'. Si de algo estabas seguro, era que por algo Paula te aceptaba hablar. La conocías (o solías conocer) bastante, y recordabas que ella no hablaba de más ni porque si, y cuando lo hacia fuera lo que fuese, tenías que escucharla. Muy pocas veces solía equivocarse. Para vos, Paula era sincera, buena mina, trasparente, una persona que creía a la verdad ante todo.

"Cuando quieras" escribiste y apretaste enviar.



***



La charla que se aproximaba te ponía por demás nerviosa. Ya habías pensado un y mil maneras de decirle eso que tenías guardado hace casi 3000 días (o 6 años) y que en esos próximos minutos, en ese bar ibas a contarle.

Lo viste llegar, vestido de jean y camisa cuadrillé azul y blanca, con sus inseparables "pony" y una camperita de cuero en mano (el frío ya se hacía sentir)
Sus ojos verdes se posaron en los tuyos y no se separaron ni hasta después de sentarse en la mesa de aquel bar enfrente tuyo (no haber hablado en el trabajo, fué una decisión tuya).

Movías las manos, nerviosa y mirabas para otro lado que no sea él. Sus ojos marrones, en cambio, se posaban en vos y nada más que vos, expectantes, ansiosos por escucharte hablar. Estuviste cinco minutos moviéndote sin decir nada, sin saber como romper el hielo-o por donde empezar.

-¿Todo bien?- dijo él con su voz tranquila de siempre, y te ponía de mal humor. Esa capacidad de Pedro por mantener la calma hasta en el peor momento la odiabas (o envidiabas)
Le respondiste clavandole la mirada de repente, seria. El  te siguió, con la misma actitud de tranquilidad. Y caías en la cuenta, de que lo que tenías para contarle, no se lo veía venir.
Tomaste del vaso de agua que te habías servido, para-por fin- mencionar una palabra.

-No Pedro- y el frunció el ceño y giró su cabeza, indicandote así que para el las cosas estaban mejor que nunca- es obvio que no está todo bien, sino no te hubiese llamado ¿no?- y la jugabas de canchera, aunque sabías que estabas en off-side.

-¿Y que sería lo que esta mal?- y el intentaba redoblarte la apuesta, lo conocías- Pau, a mi me encanto volverte a ver, y no te guardo rencor ni mucho menos y si el problema es el trabajo te juro que no va a ser incómodo trabajar juntos- y todo dió un giro de 360 grados. Notaste su confusión, confirmaste que su hipótesis sobre la charla era incorrecta. Él no entendía nada.

-Estás confundido Pedro- y por fin sacó esa cara de poker que lo caracterizaba y levantó las cejas. - Yo no te voy a hablar del pasado - y habías puesto primera- o bueno si, pero no de lo que vos crees. Pedro cuando vos te fuiste yo- Tu celular comenzó a sonar, interrumpiendo tu discurso. Insultaste a quien estaba del otro lado de la línea, sin poder creer en el momento que te llamaba.

Tus planes cambiaron de rumbo en medio minuto. Te solicitaban de la escuela de inmediato, al parecer tu hijo estaba esperándote sentado en la dirección, y las noticias que tenía para vos (según la directora) no eran muy buenas.


martes, 23 de abril de 2013

IV

Te duchaste antes de que suene el despertador como todos los días- aunque vos no habías pegado un ojo - intentando disimular tu llanto y el insomnio de la noche anterior.
Le preparaste el desayuno a tu hijo y se lo llevaste a su habitación, como hacías habitualmente. No estabas del todo segura en si tocar el tema del dibujo o no, pero te intrigaba saber que sentía, que pensaba.
-Mi amor,- y el te miro fijo- este dibujo...
-Ah si, lo hice yo- te dijo interrumpiendote y restandole importancia
-Pero, el es...
-Es mi papá.. creo
-¿Como que crees?
-Si, yo no lo conozco, me lo imaginé
Y sus palabras te hacían sentir más culpable que nunca, porque notabas sus ganas de tener a su papá, pero no te lo decía.
Lo llevaste al colegio prometiendole cenar juntos en el lugar que el quería (a la vez te sentias peor intentando compensar ese vacio con cosas materiales o no importantes) y partiste al trabajo.
Suspiraste antes de entrar, y sabías que ese día por más buena onda que tengan todos tus compañeros, las horas no se iban a pasar rápido.


                                                  ***


Te duchaste rápido y después de saludar a tu 'viejo' saliste de tu casa. Primero irías a ver un departamento en el centro- volver a vivir en Mármol te hacia sentir alejado de todo- y luego irías a trabajar.
El día anterior había sido extraño, haberte encontrado con tanta gente conocida era movilizador, pero más haberla visto a ella. Definitivamente no estaba en tus planes (y por lo visto, en los de ella tampoco) volverse a ver. Su relación habia quedado atrás, junto con tu partida de Buenos Aires. Pero, sinceramente te costo dejar de pensarla, hasta llegaste a buscarla por Facebook para saber en que andaba. Después te fuiste "olvidando" de las historias porteñas, pero al parecer esta no se había borrado de tu memoria. Ella seguia presente, y eso a decir verdad, no te molestaba.
Pero al parecer, a ella no le pasaba lo mismo. Su cara al verte te preocupó, o a decir verdad, su cara de pánico te dejo pensando, ¿tan malo era volverse a ver?. Intentaste comunicarte con ella (con el número que tu amigo-el director de la película- te había dado) pero estaba apagado. 
Decidiste que en ese nuevo día que empezaba, la buscarías y hablarias con ella, para (por lo menos) llevarse bien en el trabajo.

Una vez en la locación donde grabarian, la empezaste a buscar entre tantos percheros de ropa, cuando la viste. Enfrente tuyo, ordenando una mesa llena de papeles, y también pudiste ver como una carpeta se le cayó al piso y te acercaste. (¿oportuno?)
Te agachaste a agarrar unas hojas y al parecer ella no te había visto hasta que ambos se pararon, porque notaste como se sobresaltó al quedar frente a frente.
-Pedro
-Pau
-Eh, gracias- te dijo agarrandote las hojas
- Denada -y pudiste ver que quedo una foto en el piso y cuando te agachaste ella empezó a caminar- espera Pau!- le dijiste con la foto en la mano. Ella se dió vuelta y la viste suspirar- te falta esto
-Ah si, - y volvió preocupada, al parecer ese niño era importante.
-¿Quién es?- y sabías que la pregunta no era la indicada, porque nada los unía como para preguntarle sobre su vida- ¿Nachi? -("Nachi" o Ignacio era uno de los hijos de sus amigas, lo recordabas perfectamente)
-Eh no, es Bruno mi hijo
Y esa frase no la esperabas, ahora eras vos el paralizado, el que no entendia nada, al que la noticia le había caído como un balde de agua fría. ¿Un hijo? ¿De quién?

                                                ***

La filmación se ponía cada vez más en movimiento, y estabas llena de papeles, (además de ocuparte del vestuario, ayudabas a quien necesitaba una mano) y todo te estaba empezando a desbordar- por lo menos esa tarde.
De repente escuchaste como una carpeta cayó entera al piso, juntaste las hojas que quedaban en la mesa y cuando estabas por agacahar te chocaste con Pedro (y te insultaste por no haberlo visto y quedar como 'la asustada' nuevamente). Cuando te estabas yendo, el te alcanzo una foto que había quedado tirada, esa de Berni haciendo "payasadas" que tanto te gustaba. Cuando le dijiste de quien se trataba pudsite ver como le cambio la cara, y ahora el de cara de sorpresa, era el.
No tenías intenciones de desarrollar sobre tu vida (mucho menos sobre la de tu hijo) asi que te deciste media vuelta con intención de seguir tu camino, pero un brazo te frenó al minuto.
- Pará- te dijo tomandote de la muñeca- ¿tenés un hijo?
-Si
-¿con quién?- y por mas que la pregunta sea totalmente desubicada y que no tendría por qué hacer (si se tratara de una respuesta diferente) estabas en falta, y no podías mirarlo a los ojos
-Problema mío Pedro, dejame en paz- y otra vez intentabas escapar, pero el te retuvo
-Para Paula, ¿qué te pasa? ¿Por qué te escapás todo el tiempo? Hace seis años que no nos vemos y ..
(le interrumpiste)- Por eso mismo, porque hace seis años que no nos vemos, no tenemos nada que hablar
-Paula por favor, a mi me gustaria tener una charla... en el bar de acá si queres
-A mi no, me parece innecesario, encerio Pedro ya fué..

Y lo volviste a dejar parado ahi en medio de todas las personas que iban y venian y te fuiste, a seguir "trabajando" (o a intentar poner tu atención en algo que no sea eso que no te dejaba vivir en paz). Maldecias el momento en que lo habías reecontrado, porque eras conciente de que la verdad iba a salir a la luz en cualquier momento. Y tenías miedo, por lo que podía llegar a pasar. Pero mas que nada te sentías culpable por nunca haber tenido el coraje de haber levantado el teléfono y contarle toda la verdad a Pedro- sabías que el hubiese dejado sus estudios atrás y se hubiese tomado el primer avión de regreso a Buenos Aires- pero no pudiste. En ese momento su felicidad (la de Pedro) pasaba por otro lado, y no se la querías arruinar por algo que no habían planeado, por más linda que (para vos al menos) fuera la noticia.

lunes, 22 de abril de 2013

III

-¿Pau?- escuchaste que el dijo en tono de sorpresa y cómo insistió nombrandote de nuevo al ver que vos no salias de tu impresión por el encuentro (o de tu 'shock' emocional).
-Eh sisi, soy yo.. Pedro, que casualidad- y si de algo estabas segura, era en que las casualidades no existen. Todo pasa por algo, pero no te ibas a permitir que ese 'algo' seas el que vos estaban pensando, por lo menos no ahora, ni asi.
-Pepe Pau, no me vengas con formalidades después de tanto tiempo- dijo y pudiste notar como se acerco a vos ¿abrazandote? y miles de cosas recorrieron tu cuerpo en dos segundos. Retrocediste.- ey, ¿estás bien?
-Sisi, disculpame no puedo hablar ahora- y huiste como la mejor, por que fue lo que creiste mas acertado para el momento (error). Te chocaste con un par de cosas en el camino pero no te importó, preferiste quedar como una torpe a darle tiempo a Pedro de que te alcance y te vuelva a hablar.

No sabes ni como, ni porque tan rápido pero ya estabas en tu casa. Que ese encuentro haya sido a quince minutos de tu salida del trabajo lo hizo mas liviano (o de eso te querias auto-convencer). Ya estabas preparando todo para el cumple de Bruno, pero tu cabeza estaba en otro lado. En esa tarde, en su vuelta. En él.


-¿te parece entonces Pau?-ella (tu mamá) te ayudaba a terminar con la comida para toda tu familia esa noche
-si ma
-¿Qué te pasa Paula? No me estás escuchando... ¿estás bien?¿Pasó algo?
-No ma, todo bien.. tuve un día complicado en el trabajo, eso..
-Te dije que tendriamos que haber preparado todo en casa
Ibas a contestarle, pero tu celular sonó. Pudiste leer que decia 'Número Desconocido', y por más miedo que tenías a que sea el, tenías que atender.
-¿Hola?
-Pau?
Y su voz del otro lado no hizo más que llenarte los ojos de lágrimas. Porque habías negado su existencia por seis años, porque lo odiabas por volver a aparecer-y justo ese día, cuando tu hijo cumplía años- y por haberle mentido- o según vos, no haberle contado todo.
-¿Paula?
Y le cortaste, porque no pudiste enfrentarlo, porque fue más fuerte que vos, sabías que estabas en falta y la que te veías venir era grande, enorme. Sin comparación. Caíste sentada en una silla, aturdida, negada a aceptar lo que te estaba tocando vivir.
-Ey hija, ¿qué pasó?
Y sabías que era absrdo ocultarselo, que por más que le inventes cualquier excusa, a ella le iba a parecer patética.
-¿Quién era Pau?
-Era Pedro
Y pudiste notar como las facciones de tu mamá cambiaron rotundamente. Su seriedad se hizo notoria, y a vos te dió miedo. Porque ella siempre estuvo de tu lado (porque sos SU hija) pero siempre quizo la verdad ante todo.
-¿Cómo?
-Si mamá, Pedro. Lo vi hoy, no se que hace acá ni porque.. pero lo vi en el trabajo y sali corriendo como una cobarde, pero no puedo te juro que no puedo.
-Vas a tener que poder, llego la hora de la verdad Pau
-No me presiones mamá
-No te presiono hija, te estoy diciendo que es lo mejor
-Ya lo se, pero dame tiempo

Y tu celular volvió a sonar. Y ese "número desconocido" se hizo presente una vez más. Respiraste profundo y en un impulso apagaste el celular, negandole cualquier  tipo de participación en lo que restaba de tu día.



                                                    ____


Todos se habían ido, y vos estabas terminando de cambiarte para meterte en la cama.

Cuando pasaste por la habitación de tu hijo, pudiste ver como dormía en paz. Te acercaste a apagarle la tele, que había quedado encendida, y te encontraste con algo arriba de la mesita que te partió el corazón.
Ese dibujo lo había realizado ese día al parecer (nunca antes lo habías visto) y en el aparecían tres personas. Él, (bruno) que se dibujo más bajito con el pelo castaño y con rulitos, vos (mamá), agarrada de una de sus manitos dibujadada con las piernas bien largas y rubia (porque según el -tu hijo- con el rubio eras 'más linda'), y una tercera persona masomenos de tu altura, con rulitos también, que debajo decía "Papá".
Tus mejillas se humedecieron y tu mano empezó a temblar. Dejaste el dibujo sobre la mesita, y saliste de la habitación para llegar a la tuya. Sabias de antemano que esa noche no dromirías (y que tampoco dejarías de llorar).


Las cinco horas de insomnio de las que habías sido protagonista, te habían ayudado a pensar, reflexionar (o a culparte por las cosas en las que te habías equivocado). Y llegaste a la decisión de que el momento había llegado, que ibas a enfrentar- de una vez por todas- la realidad. Por tu hijo, porque el se merecía la verdad, el se merecía ser feliz. Y eso a vos, era lo que más te importaba.