Querés convencerte de que es toda una pesadilla, pero al mismo tiempo dudas en si no es lo que estas esperando hace mucho tiempo. Sacarte ese peso de encima, esa culpa, contar esa verdad que te venis guardando hace seis años. Porque, siendo sincera con vos misma, tu intención no fué ocultarselo a Pedro, las cosas se dieron de esa manera. Te contradecias, si, porque no entendias como esa "mentira" (o para vos, esa parte que no le contaste) había durado tanto,. Intentabas darle alguna vuelta, para justificarte, pero nada tenía sentido. Habias errado, y bastante.
Después de poner las cosas en el horno, te sentás en la mesa a aclarar tu mente (o por lo menos intentarlo). Vos no eras así, eso estaba claro. Temías a las reacciones, por parte de ambos, la de tu hijo y la de Pedro. Te recostaste sobre la mesa, abatida, exhausta de mente.
-Mamá, ¿estás bien?
Saltaste al escuchar su voz y te sentaste lo más derecha que pudiste
-Si mi amor, medio cansada- dijiste demostrando pesades en tu voz
-¿Estás triste?- y pudiste notar su tono sincero y preocupado al preguntarlo, y moriste de amor. Lo tomaste de la mano para sentarlo sobre tus piernas.
-No hermoso, ¿por qué pensás eso?
-No sé, estás muy seria. No sos divertida como siempre-y eso era un golpe bajo. Intentabas disimular al máximo tu incomodidad por la vuelta de Pedro al país, por todo lo que generó su reencuentro, y por todo lo que sabías que iba a pasar en cuanto la verdad salga a la luz, pero al parecer no funcionaba. Al menos con el, con quien convivías todo el tiempo.
- Es que tuve mucho trabajo estos días mi amor, quizás por eso estoy muy cansada- y te prometiste que esa era la última vez que le mentías. Por que era tu hijo, y se merecía toda tu verdad y sinceridad.
Lo dejaste en su cama durmiedo y prendiste la computadora. Cada movimiento de tus manos lo hacias con la mayor lentitud posible, retrasando el momento lo más que podías. Empezaste a escribir con cuidado, pensando y borrando las frases la cantidad de veces que creíste necesarias. Querías ser corta y concisa (como diría tu abuela) y evitar que se genere un diálogo de varios capítulos.
Quizás por tus palabras sonaba un poco duro, pero en ese momento era lo que menos te importaba, solo restaba tomar coraje y de una vez por todas enfrentar la realidad.
***
Una cerveza y picada con amigos es algo que no tiene comparación, y más después de no haberlos visto por tanto tiempo. La play (tres, obvio) coronoaba esa noche, y no la cambiabas por nada. Te propusiste dejar atrás a Paula y esa noticia que te habías desayunado esa mañana (De la que no habías sacado de tu cabeza en todo el día) y disfrutar un rato, pasarla bien. Pero al parecer, el destino y esa alta, morocha (para vos su mejor color), de ojos verdes estaban empecinados en impedírlo.
Dejaste el vaso sobre la mesa antes de abrir el mensaje y notaste como tu corazón se aceleró cuando apoyaste el dedo en tu celular (touch) y te sentíste un adolescente.
"Pedro, soy Paula. Está bien, hablemos"
No te lo esperabas, ni mucho menos. Creías que el tema de la charla estaba cerrado (o eso te dio a entender ella) y que la respuesta era un 'No'. Si de algo estabas seguro, era que por algo Paula te aceptaba hablar. La conocías (o solías conocer) bastante, y recordabas que ella no hablaba de más ni porque si, y cuando lo hacia fuera lo que fuese, tenías que escucharla. Muy pocas veces solía equivocarse. Para vos, Paula era sincera, buena mina, trasparente, una persona que creía a la verdad ante todo.
"Cuando quieras" escribiste y apretaste enviar.
***
La charla que se aproximaba te ponía por demás nerviosa. Ya habías pensado un y mil maneras de decirle eso que tenías guardado hace casi 3000 días (o 6 años) y que en esos próximos minutos, en ese bar ibas a contarle.
Lo viste llegar, vestido de jean y camisa cuadrillé azul y blanca, con sus inseparables "pony" y una camperita de cuero en mano (el frío ya se hacía sentir)
Sus ojos verdes se posaron en los tuyos y no se separaron ni hasta después de sentarse en la mesa de aquel bar enfrente tuyo (no haber hablado en el trabajo, fué una decisión tuya).
Movías las manos, nerviosa y mirabas para otro lado que no sea él. Sus ojos marrones, en cambio, se posaban en vos y nada más que vos, expectantes, ansiosos por escucharte hablar. Estuviste cinco minutos moviéndote sin decir nada, sin saber como romper el hielo-o por donde empezar.
-¿Todo bien?- dijo él con su voz tranquila de siempre, y te ponía de mal humor. Esa capacidad de Pedro por mantener la calma hasta en el peor momento la odiabas (o envidiabas)
Le respondiste clavandole la mirada de repente, seria. El te siguió, con la misma actitud de tranquilidad. Y caías en la cuenta, de que lo que tenías para contarle, no se lo veía venir.
Tomaste del vaso de agua que te habías servido, para-por fin- mencionar una palabra.
-No Pedro- y el frunció el ceño y giró su cabeza, indicandote así que para el las cosas estaban mejor que nunca- es obvio que no está todo bien, sino no te hubiese llamado ¿no?- y la jugabas de canchera, aunque sabías que estabas en off-side.
-¿Y que sería lo que esta mal?- y el intentaba redoblarte la apuesta, lo conocías- Pau, a mi me encanto volverte a ver, y no te guardo rencor ni mucho menos y si el problema es el trabajo te juro que no va a ser incómodo trabajar juntos- y todo dió un giro de 360 grados. Notaste su confusión, confirmaste que su hipótesis sobre la charla era incorrecta. Él no entendía nada.
-Estás confundido Pedro- y por fin sacó esa cara de poker que lo caracterizaba y levantó las cejas. - Yo no te voy a hablar del pasado - y habías puesto primera- o bueno si, pero no de lo que vos crees. Pedro cuando vos te fuiste yo- Tu celular comenzó a sonar, interrumpiendo tu discurso. Insultaste a quien estaba del otro lado de la línea, sin poder creer en el momento que te llamaba.
Tus planes cambiaron de rumbo en medio minuto. Te solicitaban de la escuela de inmediato, al parecer tu hijo estaba esperándote sentado en la dirección, y las noticias que tenía para vos (según la directora) no eran muy buenas.
ayyy subí más!!!
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