Estacionó y bajaron-ambos.
-Gracias, no hacía falta igual- y vos te mantenías en la posición dura que habias adoptado desde que te lo cruzaste por primera vez (desde que pisó tierra porteña hace casi una semana)
-No me costaba nada Pau- y odiabas su tranquilidad y que no se de cuenta que necesitabas charlar de algo grave con el- los espero y los llevo hasta tu casa ¿querés?
-No!- y sentiste su mirada expectante sobre y vos y el grito que acababas de pegar (y te sentías una estupida) - Digo, no hace falta.. seguramente tengas muchas cosas que hacer - y te volvías a insultar por darle espacio para que se siga ofreciendo
-Te dije que no me cuesta nada Paula, dale además se está por largar a llover- Y cuando ibas a negar la lluvia, una gota te tocó la nariz, suerte la tuya- ¿ves?
Suspiraste resignada, sabías que no tenías escapatoria.
Tocaste la puerta dos veces, para escuchar como la directora te daba acceso a su oficina. Y ahí estaba, sentado en una de las sillas frente al escritorio, con la mirada hacía abajo. Apenado, penstivo moviendo lentamente sus piernas que no llegaban al piso.
-Buenas tardes- la directora te estrechó la mano y vos la tomaste- ¿Paula no?
-Si, Paula- y tu hijo te miraba a los ojos y viceversa. Lo notaste angustiado, con miedo.- ¿Qué pasó?
-Tomé asiento por favor- y vos le hiciste caso, ocupando la silla que quedaba libre mientras ella se sentó en la suya.
No sabías como reaccionar, lo retabas o lo abrazabas hasta más no poder. La directora te había explicado lo ocurrido. Bruno había tenído una discusión con uno de sus compañeros y al parecer terminaron golpeandose (el primer golpe, lo dió tu hijo). Tenía su hojito derecho morado, y querías llevartelo de ahí lo más rápido posible para ponerle hielo.
Te disculpaste prometiendole que harías reflexionar a tu hijo y saliste con el de la mano hasta la calle. La lluvía había tomado fuerza y ahi estaba el, esperandote en el auto frente al colegio.
-Veni mi amor- y no sabías que excusa ponerle, ni como presentarlos- nos lleva alguien hasta casa-
-¿Quién?- y era la primera vez que hablaba desde que lo habías visto
-Un compañero de trabajo, un amigo- y tenías demasiados apodos para ponerle a Pedro
Abriste la puerta trasera y subiste a Bruno, vos optaste por el asciento delantero (solo por cortesía)
-Hola, mucho gusto- y lo conocías tanto que sabías que se hacia el divertido para entrar en confianza con el nene- Me llamo Pedro, ¿vos?- y viste a tu hijo como sonreía mirando para abajo, tímido. -¿te comieron la lengua los ratones?- suspiraste. Lo estabas odiando. Pero del odio amor (o del amor al odio) hay un solo paso.
Para cuando llegaron a tu casa, Pedro se había ganado un par de risas y palabras de Bruno y eso a vos te había puesto de (un notable) mal humor.
-Chau campeón- y ´si hubiese sido por vos, bajabas corriendo dell auto
-Chau!- y tu hijo le sonrió y vos tratabas de distraerte con cualquier cosa para evitar ver como lo saludaba con un beso en la mejilla
-Un día vamos a la cancha- y le clavaste la mirada- si tu mamá y tu papá quieren obvio
Y decidiste (en ese momento) intervenir
-Bueno, gracias Pedro. Y no, no es necesario por lo menos por ahora, el es muy chiquito para ir a la cancha.. gracias igual-y la cara de queja de Bruno se hizo notar
-No seas mala mamá!- y si algo faltaba era una discución sobre una salida con Pedro
-No soy mala, soy justa. Y usted no esta en condiciones de ir a ningun lado, y menos después de hoy- y te pusiste seria, no querías perder autoridad (si aún tenías)
-Tu mamá tiene razón, aparte quizas tu papá no quiere campeón- y sentiste el silencio incómodo y antes de que alguien más pudiese opinar, bajaste del auto, bajaste a tu hijo, y después de pronunciar un 'gracias', (sin mirar atrás) entraste al edificio.
***
Te encontrabas sentada a los pies de la cama de tu hijo esperando que el salga del baño y se acueste. No habían hablado del colegio ni de la 'frase desafortunada' de Pedro desde que habían pisado tu casa. Pero tu necesidad por saber que sentía el era mayor a cualquier cosa.
-Amor-le dijiste mientras el se subía a su cama- ¿te puedo hacer una pregunta?
-Si má, decime- y su inocencia te mataba por dentro
-¿Qué pasó con tu compañerito de colegio?- y bajo la mirada, apenado-¿Por qué le pegaste?
-Porque el me dijo cosas feas- y notabas su vergüenza al contarte los hechos
-¿Qué cosas?-
-Me dijo que mi papá era un tonto- y posó sus ojos sobre los tuyos- y yo no lo conozco a papá má, pero seguro que no es un tonto - y sus ojos se llenaron de lágrimas (al igual que los tuyos)- ¿o no?
Negaste al mismo tiempo que lograste que tus lágrimas no sean notorias- No amor, no es un tonto- y secaste las suyas y lo abrazaste contra tu pecho
-má- y sabías que la pregunte que le seguía era riesgosa
-¿Qué?- y suspiraste, acariciando su cabeza
-¿Por qué mi papá no vive con nosotros? ¿Dónde está?- y vos sabías que no podías responderle ninguna de esas preguntas (excepto la última)
-Es una larga historia mi amor- y lo abrazabas cada vez más fuerte
-Pero yo la quiero saber, contamela. ¿Nunca lo voy a poder conocer?- y sus palabras sinceras te chocaban. La culpa volvía a tu cuerpo, y ya nada podías hacer.
-Te prometo, que te voy a responder todas las preguntas que vos quieras, pero no hoy-
-¿Por qué?- y su desilución se noto en cada sílaba
-Porque es muy tarde, y mañana tenés que ir al colegio, ¿está bien? otro día
-Bueno- y giró dandote la espalda, y vos lo tapaste bien- má
-¿qué?
-¿Me prometes que me llevas a conocerlo?- y esa pregunta fué la clave para despertarte. Para hacerte entender que padre e hijo estaban a ¿metros? de distancia, y no se conocían.
-si mi amor- y ya era una promesa.
***
Tu mirada se encontraba perdida en algún lugar de aquel living (menos en tu papá, que era el centro de atención con su anécdota de la pesca)
En el fondo de tu casa (la de tu papá) podías escuchar a tus sobrinos peleando, y de fondo en el living el partido de fútbol que Fede había puesto y que al parecer era tan viejo y malo que ningún miembro masculino de la familia le prestaba atención.
-Eu Pepe, ¿qué onda?- te llama la atención tu hermano- estas re colgado- te dice al mismo tiempo que se sienta a tu lado
-Si, un poco- le respondes sin mucho entusiasmo. Sentís la mriada extraña de tu hermano encima tuyo
-¿Alguna minita dando vueltas?- y Fede siempre fué tu compinche, tu aliado
-Algo así... es complicado- y explicar lo que sentías era ¿largo? y raro
-Ah bueno, pero te tiene bobo parece- y estalló en risas. Vos lo miraste, serio demostrandole que no era para nada gracioso- ey! no seas amargado hermano, ¿para tanto es? presentamela entonces-
-ya la conocés- y necesitabas descargarte de alguna manera. Necesitaba entender que había pasado con la vida de Paula ese tiempo que vos no estuviste cerca- Paula Fede, tiene un hijo
Y el te miró asombrado
-¿Paula?-
-Si Paula- le dijiste ya con mal humor y el frunció el ceño
-¿un hijo? ¿con quién?- y la conversación empezaba a ponerte nervioso
-Nose Fede, llegue acá me la crucé y me dijo que tenia un hijo- empezaste a explicar- y hoy lo conocí, tiene cinco o seis años, más no. Pero es todo muy raro...- nervioso, llevaste la mano a tu cien. El asintió, apoyando tus dichos- ¿vos no la volviste a ver?
-No Pepe,- se encojió de hombros- un par de veces me la crucé, pero después desapareció. Como si se la hubiese tragado la tierra- y esos dichos te hacian las cosas aún más extrañas- no se que decirte hermano-
-Está bien, no te preocupes, fué. ¿Tomamos algo?-
Te levantáste de aquel sillón en el que estabas sentado y te dedicaste a prepararte un fernet, para liberar tu mente y aclarar tus pensamientos. Necesitabas entender las cosas, algo no te cerraba. Y por lo visto, la relación con Paula no habia quedado tan en el pasado como vos (y tal vez también ella) creías.
buenísimo el capítulo,ojala pau le cuente a pepe la verdad!!!
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