miércoles, 29 de mayo de 2013

XI

Vos caminabas hasta la casa de tu mamá sabiendo que el te esperaría en la puerta (optaste por no subirte al auto de Pedro) para conocer a tu- su- hijo. Y cuando llegaste ahi estaba, apoyado en la puerta del vehículo esperandote.

Sin mirarlo sacaste las llaves y las metiste en la cerradura. Esperaste que entre para volver a cerrarla. Lo viste rascarse la cabeza y girar para mirarte a los ojos.

-Entra vos primero, yo.. te sigo- dijo y pudiste notar su nerviosismo. Asentíste y después de colgar tu abrigo en el perchero y suspirar para tomar coraje, pasaron a la cocina.

Sentiste el grito que pegó tu hijo en cuanto te vio y corrió hacia vos, lo que provocó que tu mamá te mirara y sonriera- sonrisa que se borro en cuánto pedro puso un pie en la cocina y quedó boquiabierta.

Podías notar su incomodidad (la de todos en realidad) a kilómetros. Bruno primero te abrazó, y cuando lo vió a Pedro se separó.

-¿Quién es el señor mamá?- te dijo inocente y vos no sabías que responder, Pedro tenía los ojos llenos de lágrimas y tu mamá no salía de su shock.

-Un amigo mi amor- le dijiste para suavizar el momento, no te animaste a más. Pedro te miró a los ojos y asintió(por lo menos en algo estaban de acuerdo, demasiada información para dos días), para luego agacharse a la altura de Bruno.

-Hola campeón- le dijo sonriendole

-Hola señor- le respondió el nene mientras se econdía detrás tuyo en un claro ataque de vergüenza. Pedro sonrió ante aquel 'señor' e intentó disimular la lagrima que cayó por su mejilla izquierda

-¿Cómo estás? ¿Bien?-le dice mirandolo a los ojos, 

-Si

-Sos re grande, ¿cuántos años tenés?

-Seis- le responde tu hijo marcando a su vez la misma cantidad con sus dedos- y ves como Pedro se emociona a un más y te contagiás, dejando caer algunas lágrimas. 

Girás mirando a tu mamá, y la notas emocionada también. Tu hijo te mira extrañado, sin entender.

-Es hermoso- te dice Pedro sincero, visiblemente compungido

-¿Por qué lloran todos mamá?- y vos no sabés que responderle, suspirás intentando relajarte

-Veni mi amor, vamos a mirar dibujitos mientras tu mamá y su 'amigo'-dijo mirandonos-hablan ¿si?

-bueno- dijo Bruno agarrándo la mano de tu mamá, quien les hacía más fácil el momento.

Cuando los dos se retiran, te acercas a agarrar una servilleta para limpiarte las lágrimas y le pasas una a Pedro que te la rechaza. Revoléas los ojos y cuando terminas  de recuperarte servís dos vasos con agua.

-sentate- le decís dejando un vaso de un lado y sentandote con el tuyo enfrente en la mesa de la cocina.

Tomás un sorvo de agua y lo mirás atentamente, el se encentro muy concentrado en sus pensamientos.

-A pesar de todo- empieza a decir y lo mirás fijo- te felicito, es hermoso y se ve que lo criaste muy bien

-Gracias- le decís con una leve sonrisa. Repasas cada momento vivido con Benja y te da felicidad que Pedro te haga ese comentario, aunque a su vez te sientas mal por haber hecho lo que hiciste.

-Aunque no entiendo todavía como no me contaste nada nunca Paula. Pasaron seis años, ¿quién es el papá para él? ¿Dónde piensa que estoy?- sabés que son dos de muchas de las preguntas que ibas a tener que responder. Suspiras tomando valor.

-El no conocé a nadie a quién llame papá. Obvio que no iba a permitir que nadie use ese apodo que no fueras vos- y el te mira incrédulo, y vos entendés lo que te quiere decir- algún día te lo iba  a decir Pedro, fué muy dificil no contarte la verdad- y lo ves soltar una risita irónica- de verdad Pedro. Pero a su vez, yo no podía llamarte y decirte semejante cosa por teléfono

-¿Por eso esperaste seis años? ¿Y qué pasa si yo conseguía trabajo allá? ¿A mi familia nunca le dijiste nada Paula?- y te estaba atormentando a preguntas, y para vos cada vez era más difícil

-Para. De a una por favor, yo se que estuve mal, pero es dificil para mi.- el revolea los ojos- encerio Pedro. Cúando vos te fuiste yo me enteré que estaba embarazada, y vos te acordás que lo nuestro ya había terminado justamente porque no nos ibamos a ver más. Y bueno, tuve miedo, miedo a atarte a algo que vos no querías. Me acuerdo la ilusión que tenías con ese viaje- y tus ojos volvieron a empañarse- me sentía muy culpable, era algo que no habíamos buscado

-Pero ¿por qué no me dejaste decidir a mi Paula?- te interrumpió alterado, enojado

-Perdón Pedro, te pido perdón, te juro que actué sin pensar. - le decís con la voz quebrada- y después me dió mucha vergüenza, miedo a como podías reaccionar. No estaba preparada para decirte algo así. Y te juro que me arrepiento, de todo
 

-¿Vos te arrepentis? ¿Y yo que hago Paula? Te juro que intento justificarte pero no puedo, me perdí todo, lo más importante. No lo vi nacer, reirse por primera vez, su primera mamadera, comida, su primera palabra. No se si dijo primero mamá, si le enseñaste a decir papá o lo escuchó recién el jardín - vos negaste con tu cabeza, Pedro estaba siendo profundamente sincero, y sus palabras te mataban- no le regalé su primera pelota, no pude hacerlo de River
 
Te paraste delante de el, hablandole sincera a los ojos
 
-Perdón Pepe, te juro que vas a poder pasar todo el tiempo que quieras con el, perdon - le dijiste como pudiste entre lágrimas

-Yo perdí seis años de la vida de mi hijo Paula, seis- te dice elevando la voz

-Perdoname Pedro- le decís ahogada en el llanto, y tras golpear la mesa con su puño el solo se levanta y sale disparado por la puerta de entrada, dejadote sola sentada allí. 

Te hundís entre tus brazos, destruida. Veías como todo tu mundo (el que creías medianamente 'correcto') se vino abajo en menos de una semana, y te sentís desbordada, más allá de todo y todos. Y sabías que Pedro tenía razón.
 
 


De repente sentís una mano acariciandote la espalda, y al levantar la vista te encontrás con tu mamá intentando darte fuerzas. Te pasas el puño por la cara intentando limpiar tus lágrimas y caes encima suyo, refugiándote en sus brazos, como cuando eras niña.
 
 
Ella continuaba con sus caricias mientras te hablaba en un susurro. Pero vos no la escuchabas, te sentías en otro lado, tu cabeza repetía una y otra vez las palabras de Pedro.
 
 

-¿Mamá?- dijo Bruno apareciendo en la cocina. Vos te paraste con impulso y le diste inmediatamente la espalda para intentar borrar por completo tus lágrimas. Aunque sabías que era imposible.
 
 
-¿Qué pasó mi amor, terminó la película?- le dijo tu mamá para que vos ganes tiempo intentando "arreglarte"
 
 
-Si. ¿Má? ¿Por qué llorás?- volvió a insistir y todo tu intento por discimular fué en vano. Tus ojos se volvieron a llenar de lágrimas y no podías ocultarte más.
 
 
Giraste mirándolo, y el tenía sus ojos fijos en vos. Sentiste una punzada en tu corazón, tristeza. Hipaste y te acercaste a el, para agacharte a su altura.
El se acercó aún más y con sus manitos limpió tus lágrimas. Vos lo mirabas con atención, evitando desprender nuevas. Acto seguido el besó tu mejilla y rodeó con sus brazitos tu cuello, abrazandote, consolandote en sus (pequeños) brazos.
 
 
 
Lloraste unos minutos en la misma posición, hasta que reaccionaste y lo abrazaste vos con fuerza, levantandolo en tus brazos.
 
 
-Perdoname mi amor, perdoname - le repetias una y otra vez. El no entendía, pero necesitabas decirselo. Rogabas desde lo más profundo de tu corazón, que así sea. Que el día que conozca la verdad te perdone, porque sino para vos ya nada tendría sentido. 






Holaaa! ¿Cómo están?
Bueno, quería aclarar que aunque parezca no es nada contra Pau (no me odien jajaja), la historia se fué dando así... Ya vendrán los buenos tiempos para todos..

Muchas gracias por los comentarios que dejan acá o me mandan por twitter! :)

Besos para todos, buen Miercoles/Jueves.

miércoles, 22 de mayo de 2013

X

Decidís salir a caminar a relajar tu cabeza y "recuperarte" para cuando llegue tu hijo. Te abrigás y salís de la casa de tu mamá.

No sabés muy bien porqué pero necesitas un cigarrillo (lo habías dejado hace seis años, cuando quedaste embarazada) parás en un kiosco y comprás. Cuándo estás por terminar el primero te das cuenta de lo que hiciste y te odias, por caer en el vicio una vez más. Las lágrimas recorren tus mejillas, nunca pensaste en el momento en que Pedro se enteraba la verdad como algo real, sabías que el dia iba a llegar pero no lo creías tan cercano.

Rogabas que te entienda, que te perdone pero sabías que era dificil. Deseabas volver el tiempo atrás, pero sabías que era imposible. No tenías idea de como seguir, y te aterraba. Le debías una explicación, pero no sabías por donde empezar, ni siquiera estabas segura de si llamarlo o esperar a que te llame el, pero necesitaban hablar.

Necesitabas descargarte, pero a la vez responder tus preguntas. ¿Va a querer conocerlo? ¿Le va a contar la verdad? Sabías que lo más seguro era que esas respuestas sean positivas, y te provocaba aún más miedo. No querías imaginarte durmiendo sola una noche porque Bruno estaba con su papá. Te dolía, muchisimo y sabías que si las cosas no fueron de otra manera, fué por tu decisión.

Varios minutos después tus pensamiento seguían siendo los mismos atormentandote, hasta que tu celular te sobresaltó.

-Hola-

-Mamá, ¿Dónde estás?- tu hijo te bajaba a la tierra de un tirón, mirás tu reloj y asimilas que hace dos horas te fuiste de tu casa.

-Ya voy mi amor- le decís levantandote del banco de plaza en donde estabas sentada


-Apurate- le respondés confirmando tu rápida presencia y luego de respirar profundo emprendes el camino de regreso a casa de tu mamá


***
 
Intentabas asimilar la noticia que habías recibido pero te era imposible. Necesitabas respuestas y, tomando lo más fuerte y barato que conseguiste en el balcón de tu 6°B claramente no las ibas a encontrar.


Agarraste las llaves de tu auto y saliste con paso firme a quien sabe donde. Querías encontrar a Paula y decirle de frente todo lo que sentías, pero no sabías donde encontrarla.


Tenías claro que echandole todo en cara no ibas a lograr nada, pero necesitabas un descargo, para así después escuchar su "explicación".


Manejaste sin rumbo por varios minutos, hasta que te acordaste la calle en donde vivía Alejandra- la mamá de Paula.


Dudaste, porque sabías que estabas actuando por impulso, pero fué más fuerte que vos. Tomaste tu celular y con solo mirar el movimiento que hacía la línea en el gps, te acordaste el recorrido con claridad.


Manejabas, serio, concentrado mientras tu mano izquierda se reposaba en la ventanilla y un cigarrillo en tu mano. Tenías más que claro que lo que hacías estaba muy mal, pero calmaba un poco tu estado nervioso.


Te querés convencer de que todo es una pesadilla, de que no es real pero al recordar las lágrimas de Paula y su 'perdón' te traen a la realidad.


A su vez deseeas la maquina del tiempo que te permita volver seis años atrás, y enterarte de la verdad en el momento justo, como tendría que haber sido. Sentís una lágrima caer por tu mejilla, tirás el cigarrillo a la calle y te pasas la mano por la cara para hacerla desaparecer.


De repente el semáforo se pone en rojo y vos (y tu concentración) no te das cuenta, y en ese momento una chica esta por cruzar la calle. Frenás de golpe, a centímetros de su cuerpo. Te asustas y la mirás, pidiendo por favor que no le haya pasado nada. Te odias, tu día no podía tener tantos oscuros.


Y volves a caer en la realidad, estás a la vuelta de la casa de Alejandra, y la chica que estaba cruzando, era Paula.


Bajaste con impulso, con bronca cerrando la puerta que por poco no dió un giro de 360°,  y te paraste enfrente de ella con decisión.

Se queda perpleja, (claramente no se esperaba este 'brusco' encuentro) y con la boca abierta. Ninguno sabe que decir, pero tus facciones no se ablandan.


Perdés la cuenta de los minutos que se quedan parados en el medio de la calle y en la misma posición (vos mirandola fijo, y ella hacia el piso)

Una bocina los saca de su 'burbuja' y caen en que están en el medio de la vía pública. La mirás serio, haciendole entender que no se mueva de ahí, y por lo visto te entiende porque aciente y se sube a la vereda.


Estacionas el auto y volvés a bajar, prendiendo un cigarrillo (el número 5 de la tarde). Sus ojos verdes te miran apenada, con arrepentimiento pero no vas a dar el brazo a torser, por lo menos no tan fácilmente.


-Perdón Pedro- te dice una vez sentados en el cordón de la calle dejando notar el arrepentimiento en su voz. Te alteras, necesitabas que te diga más que un perdón


-¿Perdón que Paula? ¿Me estás cargando?- decís exaltado, elevando el tono de voz. A ella se le llenan los ojos de lágrimas, negas con tu cabeza.

-Yo no quise...- empieza a decir pero vos la interrumpis (o empezas tu descargo)

-¿Yo no quise? Me mentiste Paula, me ocultaste algo tan importante como un hijo ¿y me decís que no quisiste?- le decís (o gritás) apurandote a hablar

-Lo hice por vos Pedro, estabas empezando una nueva vida, te estabas yendo de viaje y no te queria atar a algo que no buscamos- te dice con la voz quebrada y la cara húmeda

-¿Por mi? Si hubieses pensado en mi, no me habrías mentido Paula- Ella mira al piso y modula reiteradamente perdón- es imperdonable lo que hiciste


Pasan unos minutos y siguen los dos sentados, ella llorando, vos fumando y mirando para el frente, hasta que volves a hablar.


-¿Cómo es?- le tirás tras un largo (e incómodo) silencio


Ella te mira, y limpia las lagrimas con un pañuelo de papel antes de responder.


-Hermoso, dulce, cariñoso- te dice gesticulando una sonrisa- tiene tu color de ojos- te dice mirandote y a vos se te llenan los tuyos de lágrimas y la bronca te invade de nuevo. Suspirás y te concentrás de nuevo en el frente


-Lo quiero conocer- le decís firme, sin duda alguna tras pensar unos minutos- hoy- y notas como sus facciones se endurecen, y su cara de pánico es más que evidente. Pero no te importaba, tenías claro que para las 23 hs de ese día querías ya haber conocido a tu hijo, y haber (por lo menos) escuchado su voz.


 
 
 


martes, 14 de mayo de 2013

IX

Tocás el timbre y te quedás parada esperando que se abra la puerta para que aparezca ella, tu sostén.
Tu mamá te mira por unos segundos sorprendida, vos suspirás y te sentís patética de tener que mostrarte de esa manera (nunca te gusto que te vean así) y te mordés el labio inferior con fuerza.

Tu mamá levanta las cejas, esperándote que vos le des una explicación. Y vos repasas la escena vivida por tu cabeza, y tus ojos vuelven a llenarse de lágrimas.

Te observa unos segundos más y vos levantás los hombros y negás con la cabeza para luego abalanzarte sobre ella y abrazarla con todas tus fuerzas. Hundís tu nariz en su cuello y sentís como tus lágrimas se deslizan por tus mejillas.

-Pasá mi amor, hablemos- tu mamá te hace pasar y te sentás en el sillón- tomá Pau- te da un vaso de agua y tu deshidratación es tal que lo tomás entero de una. -¿Estás más tranquila?- te dice después de unos minutos de observarte

-¿Bruno?- le decís haciendo caso omiso a sus palabras

-Tu papá llamó para llevarlo a pasear y le dije que si, en un rato lo trae- te responde agarrando el vaso que le devolvés ya vacio y seguis con tu mirada perdida el camino que hace hasta la mesa para apoyarlo


-Mejor- decís dejando caertus brazos sobre tus rodillas y hundiendo la cabeza entretus manos


Sentís como tu mamá vuelve a sentarse a tu lado y acaricia tu espalda, intentando tranquilizarte. Vos te movés apoyando la cabeza en sus piernas, y las rodeas con tus brazos, apretandolas con fuerza.

-Contame que pasó mi amor- te dice continuando con las caricias en tu pelo.

-Pedro sabe la verdad mami- decis al tiempo que con tu mano secás tus lágrimas y te enderezás -sabe que es el papá de Bruno

-¿Qué te dijo?- te dice acomodándote el pelo que se te cruzaba en la cara

-Nada- decís y soltás un hipo, y tu mamá te vuelve a abrazar- Me siento horrible mami, nunca me lo va a perdonar- decís armando una frase sin tartamudear por primera vez desde que entraste- y tiene razón

-Dale tiempo, vas a ver que cuándo estén los dos más tranquilos y hablen el te va a entender- te díce tu mamá sincera y vos te mordés el labio fuerte para no volver a romper en llanto- sabiamos que este momento iba a llegar y que no iba a ser fácil, pero bueno tenés que ser fuerte Pau

-No puedo más mami, ¿que le digo a Bruno?- decís mientras con un pañuelo te sonás la nariz

-¿Te dijo que quería conocerlo?- te pregunta tu mamá, y no tener las respuestas te empieza a irritar

-No me dijo nada mamá, se bajó del auto y se fué asi sin más, sin insultarme, sin decirme nada- decís alterada, intentando buscarle un rumbo a lo que iba a pasar, y te odias por no tenerlo

-¿Por qué no lo llamás? Creo que necesitan hablar Pau, y me parece que tenés que ser vos la que insiste- te dice tu mamá levantando sus hombros, sincera.


Suspirás y te dejás caer en el respaldo del sillón aturdida.

-No estoy preparada- decís buscando una excusa para evitar volver a tener cualquier tipo de contacto con Pedro en ese día - Además no me va a atender- dos excusas.

-No importa que no te atienda, al menos intentalo. Ya sabe la verdad Pau, no hay vuelta atrás- y sabés que ella tiene toda la razón y que no había nadie en el mundo que pueda aconsejarte ni entenderte mejor que tu mamá

-Me da vergüenza- decís bajando la mirada- no se qué decirle

-La verdad- y vos la mirás fijo a los ojos- la historia empezando desde el principio- y tu mamá te sostiene la mirada por unos segundos y te vuelve a abrazar, dejando un beso eterno sobre tu cabeza, y vos la rodeas con tus brazos, apretandola como cuando eras chiquita.


-Gracias má- decís mientras te separás y refrejas tu nariz con un pañuelo de papel- te quiero- y ella sonríe a medias de costado

-Gracias nada mi amor, yo también te quiero, muchisimo y sabés que contás conmigo siempre, ¿no?- y vos asentís y levantás la cartera del piso y revolvés buscando algo.

Tu mamá te mira expectante esperando que encuentres eso que buscabas y levanta la mirada cuando sacás el celular

-Lo voy a llamar- decís y suspirás, buscando las fuerzas necesarias y temblando buscas el número de Pedro en tus llamadas recientes- te negaste (o negabas) a agendarlo.


Perdés la cuenta de las veces que se repitió el tono en tu oído y cortás frustrada. En realidad, sabías muy bien que Pedro no iba a atenderte (dabas por descartada la opción de hablar en el primer intento) y volvés a marcar.

Tu mamá te mira sentada al lado tuyo, esperando expectante el rumbo de las cosas. Levanta una ceja por cada vez que vos bufás, cortás y volvés a llamar. Después  del último intento (el número cinco) tirás con bronca el celular sobre el sillón, y volvés a recostarte sobre el respaldo.

-Dale tiempo- te dice tu mamá, y no entendes como puede tenerte tanta paciencia y como se guardó todo tanto tiempo-¿Por qué no le mandás un mensaje?

La opción de tu mamá da vueltas por tu cabeza unos minutos (y la consideras como opción válida), entonces tomás tu BlackBerry y te disponés a escribir.



***
 
 
Revoleás todo lo que llevabas y no ibas a necesitar para fumar un cigarrillo con bronca en el sillón. Las palabras de Paula no te entran en la cabeza, la mentira en la que habías vivido (o justamente, no habías podido vivir ni formado parte) ahora te cerraba.
 
 
El raro comportamiento de Paula se te aclaraba, sus "tengo algo importante para decirte" tomaban forma. Y vos te sentías un estúpido por no creerla capaz de semejante mentira.
 
 
Veías en Paula una persona sincera, frontal sin miedo a nada ni nadie. Creías conocerla, pero al parecer el tiempo la había echo cambiar y ahora te veías sumergido en un mar de dudas y bronca debido a su mentira.
 
 
Te sentías raro, no sabías que pensar. Ibas por el tercer cigarrillo, y todavía no terminabas de creer que eras padre, que tenés un hijo.
 
 
No podés creer no haber compartido sus primeros años de vida, haberle cambiado sus pañales, dado su primera mamadera, comprarle su primera pelota, escuchar sus primeras palabras. No dormir debido al llanto nocturno, sus cumpleaños, su primer día de jardín, de primaria.
 
 
Y la odiabas, por haberte privado de eso, por no dejarte decidir si querías cumplir con tu rol de papá o no (que por supuesto, la respuesta era positiva), por haberte negado a tu hijo.
 
Se te escapan un par de lágrimas, y te sentís un estúpido por como habías actuado esos días, sin darte cuenta de nada y eso te daba aún más bronca.
 
 
Y no encontrabas explicación alguna, pero tampoco querías escucharla. Te negabas a hablar con Paula por lo menos por ese día.
 
 
Tu celular empezó a sonar, y sabías que era ella. No tenías planeado atenderla, así que lo dejaste que siga.
Después te llego un mensaje, dudaste en leerlo, pero como sabías que ella no se enteraba si vos lo hacías o no, optaste por hacerlo.
 
"Tenemos que hablar"
 
Y ella estaba siendo corta y directa, pero sabías que lo que tenía para decirte (la excusa estúpida según vos) iba a ser bastante extenso.
No sabías como ibas a reaccionar en ese momento frente a ella, pero de algo estabas seguro: querías conocer a tu hijo y que el te conozca, recuperar los años perdidos, pasar el resto de tu vida a su lado, compartir el tiempo que Paula y su ¿egoismo? te habías sacado.
 


jueves, 9 de mayo de 2013

VIII

Respirás profundo, mientras tus nervios se traducen en los movimientos de tus dedos sobre el volante (captando toda su atención). Perdés la cuenta de los segundos en los que ese silencio incómodo fué protagonista.

Observás de reojo, como lleva su mano a su cién y la frota (clara señal de nerviosismo). Se queda en silencio y eso te impacienta, necesitás que Pedro diga al menos una palabra para 'romper el hielo'.


Sabés que eso no va a pasar, y que si es por él y su facilidad por mantenerse callado, permancen en esa posición hora más mínimo, asi que decídis ser vos la que rompa ese frío.


-Pedro- decís y el pone sus ojos sobre los tuyos. Vos respirás profundo, tomando coraje- tenemos que hablar- y lo ves acentir, dandote paso a las palabras -  es algo importante- hablás por impulso de repente. 

Volvés a hacer silencio y el levanta una ceja.


-Te escucho Pau, decime- insiste, pero a vos te invade el sentimiento de no estar preparada, de no poder. El miedo a su reacción.


-Para Pedro, no me apures- decís elevando el tono y el vuelve a levantar su ceja. Nunca te sentiste tan incómoda teniendo una charla en tu auto (más allá del espacio físico) como en ese momento. Volvés a respirar, para bajar un cambio- disculpame, es que me da vergûeza, miedo- le confesás y tu mano empieza a temblar y la angustia se hace presente


-Tranqui Pau no pasa nada- y lo ves acercarse y abrazarte. - Tranquila- te dice mientras te acaricia la cabeza, y vos no entendés como llegaron a eso.


-No Pedro- le decís separandote de un impulso


-Ei tranquila- te dice con su tranquilidad habitual- yo siento lo mismo Pau- y sentís que todo acaba de derrapar. Ese chico que tenés enfrente (y que supuestamente conocés, y bastante) se está equivocando feo y por más que vos pienses que para el y su físico los años no pasaron, no es el momento para buscar ni recuperar amores. Hay algo mucho más importante en lo que pensar,  y es la criatura de seis años que los une. 


-No para Ped..- 


Te vuelve a interrumpir tomando tu cara con su mano derecha. Mientras vuelve a acariciar tu pelo con la que le queda libre.


-Shh no digas nada Pau, te perdono- y vos abrís los ojos sorprendida, y caés en lo que esta pasando cuando sentís sus labios sobre los tuyos.


Lo empujas lo más fuerte que podés para separarlo de vos


-¿Qué hacés nene?- le decis gritando- ¿Estás loco?-


-¿No era eso lo qué me querías decir? Yo también me di cuenta que me siguen pasando cosas con vos Pau, cuando te vi por primera vez desde que volvi a Buenos Aires, y te perdono por haberme mentido, por todo... - y a vos la conversación ya te había superado. Retenes toda la frase de Pedro y las volvés a repetir en tu mente buscando el error en tus palabras o actos- encerio- te dice tras un minuto de silencio


-No Pedro, no entendés nada- decis mientras negás con tu cabeza al mismo tiempo que llevas tu mano derecha a tu frente. No podés creer lo confundido que estaba-


-¿Estás casada?- y si alguna pregunta desafortunada le faltaba a esa charla era esa


-Ay no Pedro, ¿podés ser tan ciego?- te sale sin querer, y sabés que esa respuesta iba a generar algo no muy bueno en él


-Es que no te entiendo Paula!- te grita exaltado ya superado por la situación (y echas de menos su cara de poker)


-Bruno Pedro!- le decís en el mismo tono que él y ves como sus facciones se endurecen


-¿Tu hijo?-


-Si- 


-¿Es por el papá?- Y la rabia a intentar que entienda lo que querías decirle pero sin palabras pero que no funcione te invade, y hablás (o grtiás) sin pensar

-Es tu hijo Pedro- y tus ojos se llenan de lágrimas. Pero Pedro no se inmuta, se queda en shock con tus ojos en vos. Lo ves enderezarse y apoyar la espalda en el aciento, y al parecer cae en la realidad.
El miedo a lo que podía pasar vuelve a estar presente. Pero te sentís desamparada, Pedro no se movía, ni hablaba. 

Claramente, esa reacción no estaba en tus planes. Agarrás un pañuelo de tu cartera, para secarte las lágrimas y sonar tu nariz, mientras no le quitas tus ojos de encima.


Y de repente voltea su cabeza y te vuelve a mirar


-¿Estás segura?- te dice con sus ojos llenos de lágrimas, y vos soltás un hipo, para volverte a secar las lágrimas


-Perdoname Pepe, yo no quise..- y el abrió la puerta y bajó del auto. Sabías que no tenía sentido seguirlo. 

Sabías que no había palabras, ni consuelo. 
Pero por sobre todo tenías seguro que ya nada, iba a ser como antes.

lunes, 6 de mayo de 2013

VII

No te animaste a averigûar su paradero, ni si iba a trabajar en la película hasta el final del rodaje, lo único que sabías era que estaba en Baires.
Trabajás en silencio y muy concentrada en tus tareas, hasta que sentis que alguien del otro lado te está mirando fijo sin pestañar. Te empezas a poner nerviosa, lo notas muy concentrado con sus ojos en vos y es la primera vez (desde que lo conoces) que preferís su cara de poker. 

Las cosas se te resbalan y caen al piso en un movimiento torpe. Te insultas para adentro y te agachás a juntarlas observando de reojo como el te sigue con la mirada. (Podría haberte ayudado aunque sea).

Pasan diez minutos eternos, en los que ninguno cambia su posición, vos acomodando los papeles y el mirandote, hasta que no aguantas más.

-Ey, ¿perdiste algo?- soltas canchera, aunque no muy segura de hasta donde querés llegar

Lo observas como mueve la cabeza, y se apresura a hablar pero frena. Levantás una ceja.

-Parece que una aprte de la historia- suelta y vos no lo entendés, esa manía de Pedro por darle vuelta rara a las frases y atragantarse al decirlas

-Eh?- le respondes 

-Que me perdí una parte de la historia parece- y podes ver como empieza a acercarse y vos retrodeces golpeandote con la mesa que se encontraba allí- la que vos tenés un hijo con otro, ¿no Paula?- Pedro esta jugando fuerte (demasiado para tu gusto) y vos no estabas preparada, al menos todavía. 

Extendes tu mano marcando la distancia (se había acercado demasiado para tu gusto) y pensas bien antes de responderle. Es implícito que Pedro no va a quedarse con las dudas ni se va a ir sin una respuesta tuya, asi que no podes hablar de más ni menos, tenes que ser clara con lo que querés que entienda.

-Para Pedro, no es como vos pensás- y es lo único que se te ocurre, y te suena muy novelístico (o básico). El mueve su cabeza en un gesto de superioridad- encerio Pedro, vos te habías ido a estudiar y yo..

Te interrumpe, apurado por hablar. Y lo notas exaltado, nervioso y lo confirmas cuando empieza a tartamudear o errarle a las palabras.

-¿Qué cosa no es como pienso Paula? ¿Qué no perdiste el tiempo? ¿O que me cagabas con otro? Por que al parecer ni bien me fuí vos quedaste embarazada..- incredula abriste la boca, no podías creer lo que escuchabas. Veías en Pedro una persona muy inteligente y capaz, y que llegue a esa conclusión te sorprendía (y lastimaba)

-Sos un imbécil Pedro- Le decís con los ojos llenos de lágrimas mirando el piso

-Y vos una cualquiera- ni bien dice esa frase un impulso (por bronca) te lleva a levantar la mano pero la frenás justo al lado de la mejilla de Pedro, porque caes en la realidad de que no sos de esas minas y que no vale la pena

-No entendés nada nene- optas por decirle y empezas a caminar para el frente, chocandote de lleno con su cuerpo al emprender el paso, pero siguiendo sin mirar atrás.

Tirás el bolso en la parte de atrás de tu auto y cerras la puerta (que de casualidad no se hizo giratoria). Respirás hondo para bajar un cambio, porque con ese nivel de nerviosismo no podés manejar ni a la esquina.

La frase de Pedro no hace más que ir y venir de tu cabeza, y todavía no podés entender como llegó a las conclusiones que llegó. Supuestamente te conocía, y sabia muy bien que vos no eras de esas minas.


***

Paula siempre te pareció una mina frontal, sin vueltas, sincera por esto te molestaba tanto no entender lo que estaba pasando. Tenías claro que una parte de la historia te habías perdido, pero no sabías (o no querías ver con claridad) cuál.

La observabas con detenimiento, estudiando sus movimientos, sus gestos para ver si lograbas descifrar algo. Pero nada, estabas en cero. Solía ser tan trasparente, pero al parecer le habías perdido el 'hilo'.

La viste irse, casi corriendo y salir del lugar. Pensaste en seguirla pero te pareció absurdo, no eran adolescentes.

Suspiraste y te sentaste un rato a analizar las cosas, las reacciones de Paula, el pasado.

Sentís la necesidad de prender un cigarrillo, para calmar tu cabeza (según vos y tu teoría de la ayuda que los cigarrillos te brindaban en momentos de tensión), desconectarte un poco de la realidad.

Y por las vueltas de la vida, ahí estaba ella. Arriba del auto, mirando a un punto fijo, encerrada.


***

Te desconcentrás cuando sentís que te golpean la ventana y girás tu cabeza para verlo ahí parado. Lo observás unos minutos y deseeas haber puesto en marcha el auto en cuanto te subiste y ahora estar a kilómetros de ahí.

-¿Podés bajar Paula?- te dice serio, mientras le da una pitada a su cigarrillo y vos no podés creer que el enojado sea el. No tiene motivos (al menos que el conozca)

-No me jodas Pedro- decís sin siquiera bajar el vidrio, y ponés en marcha el auto

-No te podés escapar, además estás trabajando- te dice, y ya habías pensado en renunciar

-Ya avise que me iba- mentís

-No me mientas Paula, te conozco- y abris la boca por inersia porque la conversación vuelve a desembocar en la discusión de los minutos anteriores

-Si me conocieras, no hubieses dicho todas esas cosas Pedro- le decís dolida, mirandolo a los ojos.

-Entonces explicame, porque no entiendo- Y lo odias, porque sabés que no va a darte la razón. Vés como el se mueve y se sienta en el capó de tu auto

-¿Qué hacés Pedro? Bajate- le gritás, porque no pensabas bajar el vidrio - voy a arrancar

-Arrancá- te dice desafiandote, y cada vez te da más bronca

-Dale Pedro, no seas chiquilin bajate- y tocás bocina, intentando que de alguna manera pueda bajarse y vos arrancar y salir (o huir) de ese lugar.

-¿Yo chiquilin? Vos sos la que no baja del auto y tiene una conversación de adultos- te dice sin mirarte, y vos bajas la ventanilla captando toda su atención de un segundo a otro.

-Cuando iba a hablar me dijiste que era una cualquiera- contás diez segundos y el esta parado, semi-agachado enfrente tuyo, que lo mirás desde arriba del auto pero (ahora si) sin vidrio de por medio.- ¿Qué querés Pedro?

-Entender- te dice, y es la primera vez que sentís sus palabras sinceras. Suspirás, apoyando tu cabeza en el asciento y apoyando tus manos en el volante 

-Subí- le decis destrabando las puertas, dandole paso (por primera vez) a la verdad.


viernes, 3 de mayo de 2013

VI

No sabías ni como ni por qué pero te encontrabas sentada a la derecha de Pedro que manejaba hasta el colegio de tu hijo. Estabas nerviosa, querías evitar ese encuentro, pero también aceptabas que de otra manera no hubieses llegado tan rápido al lugar.
Estacionó y bajaron-ambos.

-Gracias, no hacía falta igual- y vos te mantenías en la posición dura que habias adoptado desde que te lo cruzaste por primera vez (desde que pisó tierra porteña hace casi una semana)

-No me costaba nada Pau- y odiabas su tranquilidad y que no se de cuenta que necesitabas charlar de algo grave con el- los espero y los llevo hasta tu casa ¿querés?

-No!- y sentiste su mirada expectante sobre y vos y el grito que acababas de pegar (y te sentías una estupida) - Digo, no hace falta.. seguramente tengas muchas cosas que hacer - y te volvías a insultar por darle espacio para que se siga ofreciendo

-Te dije que no me cuesta nada Paula, dale además se está por largar a llover- Y cuando ibas a negar la lluvia, una gota te tocó la nariz, suerte la tuya- ¿ves?
Suspiraste resignada, sabías que no tenías escapatoria.


Tocaste la puerta dos veces, para escuchar como la directora te daba acceso a su oficina. Y ahí estaba, sentado en una de las sillas frente al escritorio, con la mirada hacía abajo. Apenado, penstivo moviendo lentamente sus piernas que no llegaban al piso.

-Buenas tardes- la directora te estrechó la mano y vos la tomaste- ¿Paula no?

-Si, Paula- y tu hijo te miraba a los ojos y viceversa. Lo notaste angustiado, con miedo.- ¿Qué pasó?

-Tomé asiento por favor- y vos le hiciste caso, ocupando la silla que quedaba libre mientras ella se sentó en la suya.

No sabías como reaccionar, lo retabas o lo abrazabas hasta más no poder. La directora te había explicado lo ocurrido. Bruno había tenído una discusión con uno de sus compañeros y al parecer terminaron golpeandose (el primer golpe, lo dió tu hijo). Tenía su hojito derecho morado, y querías llevartelo de ahí lo más rápido posible para ponerle hielo.
Te disculpaste prometiendole que harías reflexionar a tu hijo y saliste con el de la mano hasta la calle. La lluvía había tomado fuerza y ahi estaba el, esperandote en el auto frente al colegio.

-Veni mi amor- y no sabías que excusa ponerle, ni como presentarlos- nos lleva alguien hasta casa-

-¿Quién?- y era la primera vez que hablaba desde que lo habías visto

-Un compañero de trabajo, un amigo- y tenías demasiados apodos para ponerle a Pedro

Abriste la puerta trasera y subiste a Bruno, vos optaste por el asciento delantero (solo por cortesía)
-Hola, mucho gusto- y lo conocías tanto que sabías que se hacia el divertido para entrar en confianza con el nene- Me llamo Pedro, ¿vos?- y viste a tu hijo como sonreía mirando para abajo, tímido. -¿te comieron la lengua los ratones?- suspiraste. Lo estabas odiando. Pero del odio amor (o del amor al odio) hay un solo paso.
Para cuando llegaron a tu casa, Pedro se había ganado un par de risas y palabras de Bruno y eso a vos te había puesto de (un notable) mal humor.

-Chau campeón- y ´si hubiese sido por vos, bajabas corriendo dell auto

-Chau!- y tu hijo le sonrió y vos tratabas de distraerte con cualquier cosa para evitar ver como lo saludaba con un beso en la mejilla

-Un día vamos a la cancha- y le clavaste la mirada- si tu mamá y tu papá quieren obvio
 Y decidiste (en ese momento) intervenir

-Bueno, gracias Pedro. Y no, no es necesario por lo menos por ahora, el es muy chiquito para ir a la cancha.. gracias igual-y la cara de queja de Bruno se hizo notar

-No seas mala mamá!- y si algo faltaba era una discución sobre una salida con Pedro

-No soy mala, soy justa. Y usted no esta en condiciones de ir a ningun lado, y menos después de hoy- y te pusiste seria, no querías perder autoridad (si aún tenías)

-Tu mamá tiene razón, aparte quizas tu papá no quiere campeón- y sentiste el silencio incómodo y antes de que alguien más pudiese opinar, bajaste del auto, bajaste a tu hijo, y después de pronunciar un 'gracias', (sin mirar atrás) entraste al edificio.

***
 
 
 
Te encontrabas sentada a los pies de la cama de tu hijo esperando que el salga del baño y se acueste. No habían hablado del colegio ni de la 'frase  desafortunada' de Pedro desde que habían pisado tu casa. Pero tu necesidad por saber que sentía el era mayor a cualquier cosa.
 
-Amor-le dijiste mientras el se subía a su cama- ¿te puedo hacer una pregunta?
 
-Si má, decime- y su inocencia te mataba por dentro
 
-¿Qué pasó con tu compañerito de colegio?- y bajo la mirada, apenado-¿Por qué le pegaste?
 
-Porque el me dijo cosas feas- y notabas su vergüenza al contarte los hechos
 
-¿Qué cosas?-
 
-Me dijo que mi papá era un tonto- y posó sus ojos sobre los tuyos- y yo no lo conozco a papá má, pero seguro que no es un tonto - y sus ojos se llenaron de lágrimas (al igual que los tuyos)- ¿o no?
Negaste al mismo tiempo que lograste que tus lágrimas no sean notorias- No amor, no es un tonto- y secaste las suyas y lo abrazaste contra tu pecho
 
-má- y sabías que la pregunte que le seguía era riesgosa
 
-¿Qué?- y suspiraste, acariciando su cabeza
 
-¿Por qué mi papá no vive con nosotros? ¿Dónde está?- y vos sabías que no podías responderle ninguna de esas preguntas (excepto la última)
 
-Es una larga historia mi amor- y lo abrazabas cada vez más fuerte
 
-Pero yo la quiero saber, contamela. ¿Nunca lo voy a poder conocer?- y sus palabras sinceras te chocaban. La culpa volvía a tu cuerpo, y ya nada podías hacer.
 
-Te prometo, que te voy a responder todas las preguntas que vos quieras, pero no hoy-
 
-¿Por qué?- y su desilución se noto en cada sílaba
 
-Porque es muy tarde, y mañana tenés que ir al colegio, ¿está bien? otro día
 
-Bueno- y giró dandote la espalda, y vos lo tapaste bien- má
 
-¿qué?
 
-¿Me prometes que me llevas a conocerlo?- y esa pregunta fué la clave para despertarte. Para hacerte entender que padre e hijo estaban a ¿metros? de distancia, y no se conocían.
 
-si mi amor- y ya era una promesa.
 
 
 
 
 
***
 
 
Tu mirada se encontraba perdida en algún lugar de aquel living (menos en tu papá, que era el centro de atención con su anécdota de la pesca)
 
En el fondo de tu casa (la de tu papá) podías escuchar a tus sobrinos peleando, y de fondo en el living el partido de fútbol que Fede había puesto y que al parecer era tan viejo y malo que ningún miembro masculino de la familia le prestaba atención.
 
-Eu Pepe, ¿qué onda?- te llama la atención tu hermano- estas re colgado- te dice al mismo tiempo que se sienta a tu lado
 
-Si, un poco- le respondes sin mucho entusiasmo. Sentís la mriada extraña de tu hermano encima tuyo
 
-¿Alguna minita dando vueltas?- y Fede siempre fué tu compinche, tu aliado
 
-Algo así... es complicado- y explicar lo que sentías era ¿largo? y raro
 
-Ah bueno, pero te tiene bobo parece- y estalló en risas. Vos lo miraste, serio demostrandole que no era para nada gracioso- ey! no seas amargado hermano, ¿para tanto es? presentamela entonces-
 
-ya la conocés- y necesitabas descargarte de alguna manera. Necesitaba entender que había pasado con la vida de Paula ese tiempo que vos no estuviste cerca- Paula Fede, tiene un hijo
 
Y el te miró asombrado
 
-¿Paula?-
 
-Si Paula- le dijiste ya con mal humor y el frunció el ceño
 
-¿un hijo? ¿con quién?- y la conversación empezaba a ponerte nervioso
 
-Nose Fede, llegue acá me la crucé y me dijo que tenia un hijo- empezaste a explicar- y hoy lo conocí, tiene cinco o seis años, más no. Pero es todo muy raro...- nervioso, llevaste la mano a tu cien. El asintió, apoyando tus dichos- ¿vos no la volviste a ver?
 
-No Pepe,- se encojió de hombros- un par de veces me la crucé, pero después desapareció. Como si se la hubiese tragado la tierra- y esos dichos te hacian las cosas aún más extrañas- no se que decirte hermano-
 
-Está bien, no te preocupes, fué. ¿Tomamos algo?-
Te levantáste de aquel sillón en el que estabas sentado y te dedicaste a prepararte un fernet, para liberar tu mente y aclarar tus pensamientos. Necesitabas entender las cosas, algo no te cerraba. Y por lo visto, la relación con Paula no habia quedado tan en el pasado como vos (y tal vez también ella) creías.