-¿Pau?- escuchaste que el dijo en tono de sorpresa y cómo insistió nombrandote de nuevo al ver que vos no salias de tu impresión por el encuentro (o de tu 'shock' emocional).
-Eh sisi, soy yo.. Pedro, que casualidad- y si de algo estabas segura, era en que las casualidades no existen. Todo pasa por algo, pero no te ibas a permitir que ese 'algo' seas el que vos estaban pensando, por lo menos no ahora, ni asi.
-Pepe Pau, no me vengas con formalidades después de tanto tiempo- dijo y pudiste notar como se acerco a vos ¿abrazandote? y miles de cosas recorrieron tu cuerpo en dos segundos. Retrocediste.- ey, ¿estás bien?
-Sisi, disculpame no puedo hablar ahora- y huiste como la mejor, por que fue lo que creiste mas acertado para el momento (error). Te chocaste con un par de cosas en el camino pero no te importó, preferiste quedar como una torpe a darle tiempo a Pedro de que te alcance y te vuelva a hablar.
No sabes ni como, ni porque tan rápido pero ya estabas en tu casa. Que ese encuentro haya sido a quince minutos de tu salida del trabajo lo hizo mas liviano (o de eso te querias auto-convencer). Ya estabas preparando todo para el cumple de Bruno, pero tu cabeza estaba en otro lado. En esa tarde, en su vuelta. En él.
-¿te parece entonces Pau?-ella (tu mamá) te ayudaba a terminar con la comida para toda tu familia esa noche
-si ma
-¿Qué te pasa Paula? No me estás escuchando... ¿estás bien?¿Pasó algo?
-No ma, todo bien.. tuve un día complicado en el trabajo, eso..
-Te dije que tendriamos que haber preparado todo en casa
Ibas a contestarle, pero tu celular sonó. Pudiste leer que decia 'Número Desconocido', y por más miedo que tenías a que sea el, tenías que atender.
-¿Hola?
-Pau?
Y su voz del otro lado no hizo más que llenarte los ojos de lágrimas. Porque habías negado su existencia por seis años, porque lo odiabas por volver a aparecer-y justo ese día, cuando tu hijo cumplía años- y por haberle mentido- o según vos, no haberle contado todo.
-¿Paula?
Y le cortaste, porque no pudiste enfrentarlo, porque fue más fuerte que vos, sabías que estabas en falta y la que te veías venir era grande, enorme. Sin comparación. Caíste sentada en una silla, aturdida, negada a aceptar lo que te estaba tocando vivir.
-Ey hija, ¿qué pasó?
Y sabías que era absrdo ocultarselo, que por más que le inventes cualquier excusa, a ella le iba a parecer patética.
-¿Quién era Pau?
-Era Pedro
Y pudiste notar como las facciones de tu mamá cambiaron rotundamente. Su seriedad se hizo notoria, y a vos te dió miedo. Porque ella siempre estuvo de tu lado (porque sos SU hija) pero siempre quizo la verdad ante todo.
-¿Cómo?
-Si mamá, Pedro. Lo vi hoy, no se que hace acá ni porque.. pero lo vi en el trabajo y sali corriendo como una cobarde, pero no puedo te juro que no puedo.
-Vas a tener que poder, llego la hora de la verdad Pau
-No me presiones mamá
-No te presiono hija, te estoy diciendo que es lo mejor
-Ya lo se, pero dame tiempo
Y tu celular volvió a sonar. Y ese "número desconocido" se hizo presente una vez más. Respiraste profundo y en un impulso apagaste el celular, negandole cualquier tipo de participación en lo que restaba de tu día.
____
Todos se habían ido, y vos estabas terminando de cambiarte para meterte en la cama.
Cuando pasaste por la habitación de tu hijo, pudiste ver como dormía en paz. Te acercaste a apagarle la tele, que había quedado encendida, y te encontraste con algo arriba de la mesita que te partió el corazón.
Ese dibujo lo había realizado ese día al parecer (nunca antes lo habías visto) y en el aparecían tres personas. Él, (bruno) que se dibujo más bajito con el pelo castaño y con rulitos, vos (mamá), agarrada de una de sus manitos dibujadada con las piernas bien largas y rubia (porque según el -tu hijo- con el rubio eras 'más linda'), y una tercera persona masomenos de tu altura, con rulitos también, que debajo decía "Papá".
Tus mejillas se humedecieron y tu mano empezó a temblar. Dejaste el dibujo sobre la mesita, y saliste de la habitación para llegar a la tuya. Sabias de antemano que esa noche no dromirías (y que tampoco dejarías de llorar).
Las cinco horas de insomnio de las que habías sido protagonista, te habían ayudado a pensar, reflexionar (o a culparte por las cosas en las que te habías equivocado). Y llegaste a la decisión de que el momento había llegado, que ibas a enfrentar- de una vez por todas- la realidad. Por tu hijo, porque el se merecía la verdad, el se merecía ser feliz. Y eso a vos, era lo que más te importaba.
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