Respirás profundo, mientras tus nervios se traducen en los movimientos de tus dedos sobre el volante (captando toda su atención). Perdés la cuenta de los segundos en los que ese silencio incómodo fué protagonista.
Observás de reojo, como lleva su mano a su cién y la frota (clara señal de nerviosismo). Se queda en silencio y eso te impacienta, necesitás que Pedro diga al menos una palabra para 'romper el hielo'.
Sabés que eso no va a pasar, y que si es por él y su facilidad por mantenerse callado, permancen en esa posición hora más mínimo, asi que decídis ser vos la que rompa ese frío.
-Pedro- decís y el pone sus ojos sobre los tuyos. Vos respirás profundo, tomando coraje- tenemos que hablar- y lo ves acentir, dandote paso a las palabras - es algo importante- hablás por impulso de repente.
Volvés a hacer silencio y el levanta una ceja.
-Te escucho Pau, decime- insiste, pero a vos te invade el sentimiento de no estar preparada, de no poder. El miedo a su reacción.
-Para Pedro, no me apures- decís elevando el tono y el vuelve a levantar su ceja. Nunca te sentiste tan incómoda teniendo una charla en tu auto (más allá del espacio físico) como en ese momento. Volvés a respirar, para bajar un cambio- disculpame, es que me da vergûeza, miedo- le confesás y tu mano empieza a temblar y la angustia se hace presente
-Tranqui Pau no pasa nada- y lo ves acercarse y abrazarte. - Tranquila- te dice mientras te acaricia la cabeza, y vos no entendés como llegaron a eso.
-No Pedro- le decís separandote de un impulso
-Ei tranquila- te dice con su tranquilidad habitual- yo siento lo mismo Pau- y sentís que todo acaba de derrapar. Ese chico que tenés enfrente (y que supuestamente conocés, y bastante) se está equivocando feo y por más que vos pienses que para el y su físico los años no pasaron, no es el momento para buscar ni recuperar amores. Hay algo mucho más importante en lo que pensar, y es la criatura de seis años que los une.
-No para Ped..-
Te vuelve a interrumpir tomando tu cara con su mano derecha. Mientras vuelve a acariciar tu pelo con la que le queda libre.
-Shh no digas nada Pau, te perdono- y vos abrís los ojos sorprendida, y caés en lo que esta pasando cuando sentís sus labios sobre los tuyos.
Lo empujas lo más fuerte que podés para separarlo de vos
-¿Qué hacés nene?- le decis gritando- ¿Estás loco?-
-¿No era eso lo qué me querías decir? Yo también me di cuenta que me siguen pasando cosas con vos Pau, cuando te vi por primera vez desde que volvi a Buenos Aires, y te perdono por haberme mentido, por todo... - y a vos la conversación ya te había superado. Retenes toda la frase de Pedro y las volvés a repetir en tu mente buscando el error en tus palabras o actos- encerio- te dice tras un minuto de silencio
-No Pedro, no entendés nada- decis mientras negás con tu cabeza al mismo tiempo que llevas tu mano derecha a tu frente. No podés creer lo confundido que estaba-
-¿Estás casada?- y si alguna pregunta desafortunada le faltaba a esa charla era esa
-Ay no Pedro, ¿podés ser tan ciego?- te sale sin querer, y sabés que esa respuesta iba a generar algo no muy bueno en él
-Es que no te entiendo Paula!- te grita exaltado ya superado por la situación (y echas de menos su cara de poker)
-Bruno Pedro!- le decís en el mismo tono que él y ves como sus facciones se endurecen
-¿Tu hijo?-
-Si-
-¿Es por el papá?- Y la rabia a intentar que entienda lo que querías decirle pero sin palabras pero que no funcione te invade, y hablás (o grtiás) sin pensar
-Es tu hijo Pedro- y tus ojos se llenan de lágrimas. Pero Pedro no se inmuta, se queda en shock con tus ojos en vos. Lo ves enderezarse y apoyar la espalda en el aciento, y al parecer cae en la realidad.
El miedo a lo que podía pasar vuelve a estar presente. Pero te sentís desamparada, Pedro no se movía, ni hablaba.
Claramente, esa reacción no estaba en tus planes. Agarrás un pañuelo de tu cartera, para secarte las lágrimas y sonar tu nariz, mientras no le quitas tus ojos de encima.
Y de repente voltea su cabeza y te vuelve a mirar
-¿Estás segura?- te dice con sus ojos llenos de lágrimas, y vos soltás un hipo, para volverte a secar las lágrimas
-Perdoname Pepe, yo no quise..- y el abrió la puerta y bajó del auto. Sabías que no tenía sentido seguirlo.
Sabías que no había palabras, ni consuelo.
Pero por sobre todo tenías seguro que ya nada, iba a ser como antes.
Aaaaahhhhh!!! Buenisimoo me encanto. Q llegue prontito el proximo capi :)
ResponderEliminarhay hay! Amo la nove! Pero pedro no se puede enojar porque el se fue a estudiar... Onda como se lo decia!!!
ResponderEliminarwow buenísimo el capítulo,esperando ansiosa el siguiente...
ResponderEliminarlloro :')
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